Alba: “No me gusta que me ayuden”

Por Sergi Lladó

Llegó puntual y decidida a nuestro encuentro. Alba venía de dar clase a niños de primaria en una escuela de Sant Cugat, dónde está realizando las prácticas del último curso de Educación que realiza en la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB). Quedamos a las 5 de la tarde en la plaza Cívica del campus. Llegó en su coche automático, sin adaptaciones especiales, a pesar de tener una discapacidad física en las extremidades inferiores. Al nacer sufrió una parálisis cerebral y debido a la falta de oxígeno tiene problemas de movilidad.

Sergi Lladó entrevistando a Alba en la plaza Cívica de la UAB. Autor: Clàudia Ramos

Sergi Lladó entrevistando a Alba en la plaza Cívica de la UAB. Autor: Clàudia Ramos

A sus 22 años, es una chica que le gusta valerse por sí misma. Su vida en el pequeño pueblo de montaña Santa Maria d’Oló (Bages, Barcelona) ha sido un plus para que su familia la empujara a ser totalmente independiente, ya que lejos le quedan los bares habituales de quedada con amigos, las tiendas, su instituto… La constante necesidad de desplazarse en coche le ha dado alas. Pocas cosas son un impedimento para Alba. No lo fue escoger una carrera, que le apasiona desde pequeña, en una universidad que se encuentra a 70 km de su hogar y gente, a quién no abandona porque es una persona muy activa en su villa y alrededores colaborando en organizaciones municipales tanto políticas como lúdicas.

Aunque suele salirse con la suya, asume que a veces debería pedir más ayuda, como la que recibe por parte del PIUNE en estos últimos dos cursos académicos. La organización de la UAB realiza un informe anual de la estudiante para saber qué puede hacer y qué no en el ámbito universitario. Este documento para sus profesores se redactó por primera vez el curso pasado, para la asignatura de Educación Física, cuando ya había pasado el ecuador del grado. Cuando llegó en 2011 a la universidad nadie le comentó la existencia de este servicio. Tan sólo le recomendaron que pasara por gestión académica para facilitarle encontrar aparcamiento en su facultad. Alba matiza y apunta que “seguramente a personas con problemas de mayor gravedad las atienden y derivan al PIUNE al poner el primer pie en la UAB”. Ella se enteró de la existencia del organismo en su tercer año. Al ser tan autónoma, no ha requerido más ayuda del PIUNE, aunque valora excelentemente su trabajo. Por cierto, Alba aprobó gimnasia, a pesar de los pesares. Su valentía y tranquilidad le permiten superar las barreras del día a día. Con modestia reconoce que son pocas, debido a que su discapacidad es sólo física y no mental.

“No he recibido trato diferente por parte de los profesores”

En este aspecto, en la UAB se cruza con pocos impedimentos. Las instalaciones cuentan con suficientes adaptaciones para la fácil movilización de personas con discapacidades físicas. “Está bien adaptada, sin escaleras y con ascensores y rampas. Pero si no tienes coche es un show moverte por el campus”, afirma. Oportunidades para todos. Igualdad pero diversidad. Alba cuenta que es esencial la heterogeneidad de personas en los distintos ámbitos de la sociedad; en el académico, sobretodo en las aulas para normalizar. Añade que debería haber más en figuras como las de los docentes. Por esa integración, Alba confía en un plus, unos puntos, que dan a las personas con discapacidad en las listas para entrar en el mundo profesional. Según el grado de discapacidad tienes más o menos posibilidades. En el caso de Alba, en su informe pone que tiene 65 grados. Veremos que sucede en un futuro muy próximo en su vida.

Alba Aubach prestando mucha atención a nuestras preguntas. Autor: Clàudia Ramos

Alba Aubach prestando mucha atención a nuestras preguntas. Autor: Clàudia Ramos

Hasta el momento, en la UAB, profesores y alumnos la han tratado y tratan con igualdad, un concepto que Alba repite constantemente durante el encuentro, siempre con un tono de voz suave y sin nervios en el cuerpo, aunque agarrándose las piernas, sobre el banco en el que nos sentamos a conversar. Con su historia demuestra que se ha espabilado con todo en esta vida. Como anécdota cuenta que no fue a una excursión a la montaña porque una profesora le recomendó no asistir por lo que pudiera pasar. Lo recuerda con tristeza porque “a pesar de ser grandes, le hacía ilusión salir con el grupo”. Tiene presente que no se puede tener todo pero su autosuficiencia le permite conseguir muchas de sus metas. Aunque no puede ser muy activa porque se cansa con facilidad, Alba es muy despierta. Afirma que lo importante es la templanza. Hacerte a la idea de lo que hay. Subsistir.

En los 40 minutos que estuvimos juntos no encontré ni rastro de victimismo en sus palabras. No se compadece. Es una persona luchadora y cercana. Por eso, está tan comprometida con su profesión: la enseñanza. En su personalidad destaca esa empatía necesaria para tratar con los niños. Le encantan, sobretodo los pequeños de infantil. Aunque no podría aguantar el ritmo debido a su discapacidad física y, por ello, eligió educación primaria. Si lo aprueba todo, a Alba le quedan dos meses en la UAB para terminar la carrera. Lleva tiempo dando clases como becaria en un colegio, donde tolera las miradas de incógnita de los niños al ver su discapacidad física. Ellos preguntan y ella responde con franqueza. Como hizo conmigo en ese jueves. Es una mujer transparente, que no se esconde. Actúa con seguridad y sin miedo a lo que digan.

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