Sònia: “El sobreesfuerzo que tengo que hacer me hace apreciar más mis logros”

Por Irina Sierra

“Siempre he tenido muy claro que quería ir a la universidad, aunque las ganas de hacer lo que realmente me gustaba fueron el empujón para llegar hasta donde estoy hoy” manifiesta Sònia Ribera, de 19 años y natural de Lleida (Alentorn). Sònia tiene desde que nació  atrofia del nervio óptico en ambos ojos, una minusvalía que viene determinada por los genes. Su visión es muy reducida; solo puede ver un 0’5 de un total del 100%, por lo que debe forzar mucho la vista para poder ver. Le detectaron el problema cuando apenas tenía año y medio aunque no le han operado desde entonces porque desconocen las causas de su enfermedad. A lo largo de su vida su familia siempre ha sido su principal punto de apoyo. “Esto siempre se vive con un poco de miedo, de incerteza, de no saber cómo irán las cosas” cuenta. “Mis padres siempre se han preocupado, aunque eso es bastante común en todos los padres, es decir, estoy segura que si no fuese por esto sería entonces por otra cosa. En general lo llevan bien pero es que tampoco hay otra manera de llevarlo porque si el problema no tiene solución no nos podemos amargar la vida”.

Sònia trabajo con la tele-lupa. Autor: Irina Sierra

Sònia estudiando con la tele-lupa. Autor: Irina Sierra

A pesar de que la joven  ha tratado de vivir con total normalidad desde que tiene uso de razón piensa que todo cuesta en esta vida, aunque “no deja de ser un proceso más de aceptación”. “Al principio cuando eres pequeño no piensas demasiado; juegas y estás más ocupado pensando en otras cosas, pero a medida que te haces mayor te das cuenta que no puedes hacer muchas de las otras cosas que hacen los demás, como ir en bici, por ejemplo”. Sònia, a día de hoy, admite que hay muchísimas cosas que requieren un gran esfuerzo por su parte pero que es ese sobreesfuerzo lo que le hace apreciar más sus logros, superarse, sentirse realizada y orgullosa.

De pequeña iba a un instituto situado al lado de su pueblo, un centro no muy grande. Cuenta que esto último le facilitó mucho las cosas porque los profesores siempre estaban encima de ella, muy metidos con el tema. Sacaba buenas notas y se sentía siempre interesada por las cosas que allí se hacían. Aunque además de su familia y su escuela también recibió el apoyo de los profesores de la ONCE (Organización Nacional de Ciegos de España). Esta última asociación fue imprescindible para facilitarle el soporte académico, es decir, libros especialmente adaptados a su caso, una tele-lupa para poder ampliar  la información tanto a distancia como sobre su escritorio, o pizarras digitales que le permitiesen estudiar y seguir las clases.

A pesar de la discapacidad con la que Sònia lleva viviendo 19 años, actualmente está cursando el segundo año de Periodismo en la Universidad Autónoma de Barcelona. Este paso también supuso un cambio importante en su vida, ya que tuvo que mudarse a Barcelona y abandonar su lugar de origen, que como anécdota explica que tan solo tenía 120 habitantes. “Los comienzos siempre son difíciles para todo el mundo aunque para mí más. El hecho de conocer gente nueva e ir a la universidad era algo extraño”. A pesar de ello, sigue explicando, siempre ha sido una persona muy  dispersa y curiosa, a la que le encanta conocer cosas nuevas y estudiar, aunque también muy indecisa. “Tuve que decantarme por un camino; no podía escoger 50 carreras… al final me atrajo periodismo y todo lo que hay detrás de la comunicación; cómo decir una cosa, qué gestos emplear, qué tono utilizar para cada momento…”.

“Los comienzos siempre son difíciles para todo el mundo aunque para mí más”

La joven da constancia de cómo fueron sus comienzos en la universidad. “El primer año fue caótico; la universidad era un espacio inmenso para mí acostumbrada a deambular por los pequeños pasillos del que había sido mi instituto toda la vida. No conocía a nadie y muchas veces, al no ver bien, no saludaba a personas de las que poco a poco me iba haciendo amiga. Recuerdo que esto me preocupaba en especial porque no quería que pensaran que era una borde o una maleducada”. Al preguntarle si hubo alguna institución en la que apoyarse durante ese proceso de ingreso y adaptación en la facultad nos habla del Programa para la Integración de los y las Universitarias con Necesidades Especiales (PIUNE), desarrollado por la Fundación Autónoma Solidaria. Este organismo promueve medidas de soporte (atención, acogida, asesoramiento personalizado, servicio de transporte adaptado, adaptaciones de infraestructuras, sensibilización, etc.) a aquellos estudiantes con algún tipo de minusvalía durante el tiempo que cursan sus estudios en la facultad.

Cuando un alumno llega a la universidad y solicita ayuda externa es entonces cuando entra en juego el papel del PIUNE. En un primer momento el estudiante, junto con el profesor encargado de las discapacidades, firman una especie de contrato donde ambas partes se ponen de acuerdo para darse de alta en el servicio y proporcionarlo, respectivamente. Antes, sin embargo, el alumno deberá presentar un informe donde se exponga el tipo de discapacidad que tiene. Una vez hecho este trámite existe una web de ayuda que se utiliza para organizar el material que el alumno requerirá, a medida que el curso avanza, para llevar a cabo determinadas actividades referentes a las asignaturas cursadas. “Normalmente, sobre todo los primeros años, están bastante detrás de uno. Es decir, suelen ir preguntando si el servicio cumple con sus necesidades y si se necesita algún otro tipo de facilidad. Aunque yo siempre he sido muy independiente y en mi caso he ido haciendo cosas por mí misma, aunque supongo que esto también depende de hasta dónde te permita hacer el tipo de minusvalía que uno tiene”.

No obstante, el PIUNE no tan solo se dedica a la integración de los alumnos con discapacidad, sino que también pretende adaptar los espacios y las infraestructuras a ellos. Sònia nos cuenta que “las infraestructuras están suficientemente bien adaptadas, aunque se podrían mejorar. Por ejemplo, el número de  los despachos junto con el nombre de los profesores tendrían que ampliarlos. Es decir, si has de hacer tutorías, que es lo más común en la universidad, el primer lugar al que acudes es al despacho, y en mi caso me cuesta bastante dar con ellos”. Cree que a pesar de haber gente que puede ayudarte ese sería uno de los aspectos que el servicio debería mejorar de cara a personas que se encuentren con el mismo problema que el suyo. A pesar de ello  aclara que habla de su caso en particular y que, posiblemente, haya adaptaciones óptimas para el resto de personas que padezcan otros tipos de discapacidades.

Sònia Ribera junto a Irina Sierra tras la entrevista. Autor: Irina Sierra

Sònia Ribera junto a Irina Sierra tras la entrevista. Autor: Irina Sierra

Sin embargo, el PIUNE no es el único proyecto que ha desarrollado la Fundación Autónoma Solidaria. Esta última organización también ha creado una Guía de docencia universitaria y necesidades especiales dirigida, principalmente, al profesorado universitario, a quienes se les trata de facilitar el contacto de forma directa con estudiantes discapacitados a pesar de no tener, en muchos casos, conocimientos de sus minusvalías. Esta guía pretende facilitar a los docentes el acercamiento a personas con algún tipo de problema auditivo, visual, motor u otras dificultades como las del lenguaje y la comunicación. Pues es muy importante para el proceso de inclusión que haya un grado de implicación elevado. “Muchos profesores se implican en el problema e intentan hacer todo lo que está en su mano, aunque claro, siempre hay excepciones…profesores que no entiende la situación y actúan de forma pasiva”.

Para finalizar la entrevista le pregunto a Sònia como se definiría como persona. “Yo me sé vender muy bien eh”, bromea entre risas. “Creo que soy una persona inteligente, curiosa y bastante perfeccionista. Lo que me caracteriza mucho es que soy feliz, es decir, creo que esto no es un estado de ánimo sino más bien una manera de ser, y yo lo soy, a pesar de mi situación. También soy empática, y me gusta muchísimo compartir, escuchar a la gente. A veces tengo muchas contradicciones dentro de mí pero que en el fondo me gustan. Es decir, no me gusta categorizarme en algo sino serlo todo. Negativo…es que soy muy nerviosa y muy autoexigente, y esto no siempre es bueno porque a veces me enfado conmigo misma. También muy impulsiva, aunque todas las cosas negativas que tengo o las intento mejorar o si no puedo cambiarlas las acepto porque ya forman parte de mí”.

“Si hubiese visto bien sería una persona totalmente distinta”. La joven cree que su situación le ha hecho madurar mucho más rápido que las demás personas de su edad. También porque el hecho de ver el mundo a su manera le ha provocado sensaciones distintas. “Es algo que te influencia en tu vida de a diario”, reitera, “algo de lo que no puedes escapar, que te persigue para el resto de tu vida, aunque es precisamente esto lo que te hace superar las cosas y tener más ganas de vivir y de vivir intensamente”.

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